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Cuando oigo hablar de video marketing “me se ponen” los pelos como escarpias. Lo siento. He visto cursos de tres días donde te garantizan conocimientos como para poder mejorar tu negocio desde ya. Así que sirva este post para defensa del video marketing. Del bueno, claro.

Cuando hablamos de video marketing hablamos del uso que una marca hace del video para promocionar un producto, o una idea, o sus propios valores… Y sí, se trata de una herramienta indispensable. Pero de ahí al “todo vale” hay un mundo tenebroso en el que nunca deberíamos adentrarnos. Porque un mal vídeo puede hundir una buena empresa. Y todo lo contrario, un buen video –técnicamente hablando- con escasos medios y una gran idea detrás, puede servir para que todo el mundo conozca, por ejemplo, una pequeña tienda de pasteles en el corazón de Lisboa:

El video marketing es como las armas: las carga el diablo. El hecho que sea una herramienta indispensable en estrategias de Social Media no significa que debamos descuidarlo hasta el punto de considerar lo doméstico como dogma. Es más, a mayor apariencia doméstica, mayor cuidado deberíamos poner. Porque no es fácil conseguir un video de apariencia real sin que lo sea. Y viralidad y realidad no son lo mismo. ¿Os acordáis del “levántate ZP”? Un reality bite inolvidable.

Y sí, a pesar de lo que digan algunos, el video marketing, como cualquier otra producción audiovisual, debe estar planificado, estructurado, guionizado y tener un objetivo claro. ¿Quieres feedback? Propón una buena idea que dé que hablar… Y adelante. Este de Samsung es espectacular. Y viral. Y doméstico. Y…

Hay quien piensa que el único objetivo del videomarketing es generar confianza. Qué va. Ni mucho menos. Su propósito es seducir. Tan simple como complejo. Por eso, quienes lo basan todo en esa supuesta confianza se inclinan por los videos de testimonios como paradigma de transparencia e improvisación. Tan improvisados están que algunos están grabados con el micro de ambiente, la cámara encima de la cara del entrevistado y éste con el sol de contra. Error. Ya pueden decir lo que quieran que si el video no tiene un valor informativo per se (y estoy pensando en catástrofes, guerras, o paraderos de los más buscados) puede hundir la reputación de la empresa.

¿O alguien puede creer que un viajero en un aeropuerto no tiene nada mejor que hacer que grabar y colgar un vídeo alabando las virtudes de su agencia de alquiler de coches? Pues no. En este caso, apariencia de realidad = mala factura + poca credibilidad.

Eso sí, un punto a favor de la duración. Los videos, por favor, cortos, concisos. Solo los buenos, muy buenos, pueden permitirse duraciones largas, muy largas. Y sí, en este también hay testimonios:

En fin, como el tema da para mucho dejamos pendiente un post en el que podamos abordar cuestiones más técnicas. Y nunca está de más dejarse asesorar por profesionales. No son caros. Doy fe.